Reseña personal sobre Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare
- Taller de Investigación en Arte Teatral.
- 3 may 2025
- 3 Min. de lectura
Por Kenneth Diaz
Participar en la puesta en escena de Sueño de una noche de verano, del dramaturgo William Shakespeare, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y significativas que he vivido dentro de mi formación universitaria. Esta obra, con su mezcla de fantasía, comedia y enredos amorosos, me permitió no solo acercarme a un clásico del teatro universal, sino también involucrarme profundamente en el proceso creativo como actor. Ser parte del elenco, colaborar con mis compañeros y crecer a través del personaje que interpreté, fue algo que marcó un antes y un después en mi recorrido artístico.
Formé parte del grupo de los cómicos, específicamente interpreté a Berbiquí, el ebanista. Desde el momento en que me asignaron este personaje, sentí una mezcla de emoción y nerviosismo. Recuerdo claramente el instante en que leí mi nombre junto al del personaje y pensé: "Esto será un reto". No se trataba de un papel sencillo, sino de uno que exigía una construcción detallada y con capas de intención. Berbiquí, aunque forma parte del grupo de los artesanos que deciden montar una obra para el duque, es alguien que, detrás de su apariencia cómica, refleja una sensibilidad que me interesó explorar. Lo imaginé como un personaje que, a pesar de ser parte del alivio humorístico, siente una profunda necesidad de hacerlo todo bien. Es alguien con pena, que se esfuerza por cumplir su rol y que se toma en serio cada parte del proceso.
Una de las escenas que más disfruté fue cuando interpreté al león dentro de la obra que los cómicos presentan ante la corte. Esa escena me permitió jugar con el teatro dentro del teatro, y fue un ejercicio fascinante como actor. Poder interpretar a un personaje que a su vez interpreta otro personaje, fue un desafío que me permitió explorar diferentes registros actorales y encontrar matices que aportaran tanto al humor como a la ternura del momento. Sentía que Berbiquí, en ese instante, daba lo mejor de sí mismo con toda la inocencia del mundo, y eso conectó mucho conmigo.
También quiero destacar el trabajo del director, quien fue una guía constante durante todo el proceso. Su visión de la obra, clara y bien estructurada, nos ayudó a entender no solo el texto de Shakespeare, sino también cómo conectarlo con nuestro contexto y nuestras emociones como intérpretes. Nos brindó libertad creativa sin perder la dirección del conjunto, lo que nos permitió crecer individualmente y como elenco. Agradezco profundamente su acompañamiento y su paciencia.
Otro aspecto que merece mención es el trabajo técnico que rodeó a la obra. El vestuario fue cuidadosamente diseñado. En el caso de los cómicos, nuestros trajes reforzaban esa sensación de ingenuidad y artesanalidad que caracteriza al grupo. El maquillaje complementaba el vestuario de forma efectiva, ayudando a que cada personaje tuviera una presencia visual única. Las luces, por su parte, contribuyeron a crear atmósferas envolventes y mágicas, esenciales para una obra que transcurre entre el sueño y la realidad.
Lo que más valoro de esta experiencia es la manera en que me transformó, no solo como actor, sino también como persona. Asumir el reto de construir a Berbiquí, entender sus motivaciones, trabajar en su corporalidad y voz, y luego compartirlo con el público, fue un proceso de crecimiento constante. Descubrí nuevas herramientas expresivas que hoy forman parte de mi caja de herramientas como intérprete.
Además, trabajar junto a mis compañeros del grupo de los cómicos fue un verdadero placer. Cada uno encontró una personalidad única para su personaje, y eso enriqueció enormemente las escenas. Aprendí de ellos, reímos juntos. Esa camaradería es, sin duda, uno de los aspectos más valiosos que me deja esta obra.
Sueño de una noche de verano no fue solo una obra más. Fue una experiencia formativa, emotiva y profundamente gratificante. Me permitió habitar un personaje desafiante, conectarme con un texto clásico desde un lugar genuino y compartir el escenario con un equipo apasionado y comprometido. Hoy, al mirar atrás, siento orgullo, gratitud y un profundo cariño por todo lo vivido.




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